
Nuestra
experiencia como Padres de una niña prematura a sido una de las más duras y
hermosas a la vez, ya que fue una etapa en la que hemos podido ver muchos milagros
en nuestras vidas y en la vida de mi pequeña hija y también fue una etapa en la
que pudimos sentir más el amor, apoyo y respaldo de nuestros familiares y amigos
e incluso conocidos
Cuando
tienes un hijo prematuro, descubres el universo de la Unidad de
Neonatología. Es un sitio tranquilo, a media luz, con incubadoras y máquinas
que sustituyen al hilo musical con sus pitidos. De vez en cuando un bebé rompe
a llorar. Algunos llevan los ojos tapados y están bajo una luz azulada que
les ayuda a regular la bilirrubina. Los más pequeños no llevan pañal y a los
que lo llevan, les hace las veces de manta. Visto desde fuera de la incubadora,
el bebé es un lío de sondas, tiritas y cables. En sus pechos hay parches. En la
nariz, un tubo con oxígeno y una sonda que les alimenta con leche. Sus manos
son diminutas. De vez en cuando entreabre los ojos, como en un
duermevela. Está arrullado por un colchón especial que le acurruca como el
útero de mamá. Una o dos veces al día, si el bebé está bien, te dejan ponértelo
sobre el pecho para que su piel toque tu piel. Es una sensación maravillosa. El
niño escucha tu respiración, el latido de tu corazón y siente el calor al que
está acostumbrado. Entonces, es un buen momento para murmurarle y dormir
juntos.
Una
de las cosas más duras es ir al hospital a dar a luz y salir sin tu hijo en brazos.
También es duro abrir regalos que estrenarás dentro de meses. O ver a un recién
nacido a término, que de pronto tendrá para ti un tamaño colosal. Es probable
que no compartas fotos suyas en las redes hasta tenerlo en casa. Conforme el
tiempo pasa y el bebé crece en la incubadora, le irán quitando aparatos,
incluso te dejarán darle de comer. A un bebé prematuro se le da primero el
biberón, porque no tienen fuerza para succionar el pecho. Debes sentarlo sobre
la rodilla, agarrar su nuca con una mano y, con la otra, darle el biberón.
Una
vez le den el alta, es conveniente que se vaya haciendo poco a poco a los
espacios y los gérmenes que hay en ellos. Por eso no debe salir a bares ni
centros comerciales. Incluso conviene que no le visiten en casa demasiadas
personas. Si va a salir fuera, lo mejor es que esté al aire libre. El
cuidado especial de un bebé prematuro no acaba cuando abandona el hospital. Los
siguientes dos años, el niño debe llevar un seguimiento más cercano que un
nacido a término: control de peso, ecografías, sesiones con el logopeda,
vacunas… Pero todo pasa. Llega un momento en que tu pequeño se iguala al resto.
¡O, incluso, los supera!
Comentarios
Publicar un comentario